domingo, 10 de abril de 2016

COSAS PARA RECORDAR

A veces, cuando pienso en el tiempo que nos toma decidirnos a vivir, muchos años en mi caso, pienso en lo irónico que sería morir en uno de los muchos plazos que le pongo a la vida... Por eso hoy, quiero una oportunidad para registrar esas cosas memorables, fragmentos de mi realidad, por los que ha valido la pena el camino recorrido:
  • Caminar entre árboles inmensos en las montañas de mi país. El olor de la humedad, las hojas caídas y en general de las plantas del páramo. Encontrar cosas tan maravillosas como ranas diminutas, hojas de todos los tamaños y formas, flores y frutos alimenticios y venenosos . La sensación de que nada era más difícil que llegar a la cima, o a la casa, o al pueblo vecino y poder lograrlo. El regreso a mi casa, adolorida, cubierta de barro y muy cansada, pero feliz.
  • Los amaneceres y las puestas de sol que he logrado ver. Todos esos días en que a pesar del sueño o el cansancio he tenido la oportunidad de alzar mis ojos al cielo y verlo pintado de dorado, amarillo, naranja, de azul intenso o muy claro, de rosado, de diversos tonos de gris. El contraste de la luz del sol que nace o muere con la sombra de las montañas y las luces de las ciudades.
  • Los momentos compartidos al calor y a la luz de una buena fogata. 
  • El sabor de mis platos favoritos,todos, pero especialmente los más sencillos la sopa de dulce, la mazamorra chiquita, el tinto con hierbas aromáticas, las arepas  en todas sus variedades, el pan de maíz, la mantecada, aguadepanela con queso en un día frío... ricos si son hechos por alguien más pero mucho mejores cuando por fin aprendo a hacerlos.
  • La mirada de agradecimiento de mis animalitos. Todos ellos, los que están y los que se perdieron o partieron.
  • Las conversaciones sinceras y profundas sobre las cosas de la vida. Las historias de vida, contadas muchas veces, siempre vigentes, siempre encantadoras.
  • Cada momento compartido con mi hijo, desde que supe que estaba embarazada hasta hoy. Las cosas sencillas de la vida cotidiana, los viajes, cada enseñanza y cada aprendizaje. Las sonrisas y las lágrimas.
  • Los momentos de familia. El apoyo incondicional, los consejos, los recuerdos comunes, el sentido del humor y hasta los desacuerdos. Como los rompecabezas de las vacaciones, los tiempos en familia se han ido construyendo poco a poco y con la participación de todos.
  • El tiempo con mi amado... los besos, los abrazos, las palabras, los sentimientos y las sensaciones que con él, llegaron a darle vida a mi vida.
  • Cada momento real de mi relación con Dios. Su amor infinito por mí, a pesar de mí. Cada palabra de consuelo y de guía. La certeza de que siempre me da lo mejor para mí. La confianza de saber que estoy en su mano y que va a cuidar de mí y de los míos ahora y para siempre. 
No importa si me espera un día de vida o muchos años. Pido porque cada instante de mi vida, de ahora en adelante sea de vida. No en pausa.

domingo, 3 de abril de 2016

MÚSICA

Mi historia con la música es bastante particular. Crecí entre dos mundos: uno en el que mi papá disfrutada de las grandes obras de la música clásica que transmitía la Radiodifusora Nacional de Colombia, cuya señal llegaba inclusive a nuestro pequeño pueblo en Boyacá y otro, en el que el resto del pueblo escuchaba la voz de Garagoa, que transmitía, además de las noticias locales una variada programación que incluía la música romántica de los 70s, música campesina boyacense y música ranchera (Como la sombra de un fantasma por las noches... era la frase que indicaba que eran las 5 de de la mañana o de la tarde). Otra emisora muy difícil de captar con nuestra vieja radiograbadora, era radio Tequendama, donde transmitían música norteamericana (rock y pop de los 70s de los que no entendíamos sino un par de palabras pero eran nuestro contacto con un mundo remoto y moderno al que todos queríamos acceder).

De niña, escuchar música clásica era más bien una obligación que un placer. Mi papá me pedía que me sentara a su lado a escuchar la música de su emisora favorita hasta cuando se dormía o la señal se perdía, mientras me daba el sermón de que la música clásica era la música que escuchaba la gente culta y todos los beneficios que iba a tener por escucharla. Muchas tardes de mi vida me senté a regañadientes a escuchar la música que a mi papá tanto le gustaba, más por complacerlo que porque encontrara alguna satisfacción personal en hacerlo. La música romántica estaba siempre presente en la cocina, al gusto de la empleada de turno y no puedo recordar si mi mamá tenía alguna preferencia en particular. Otro recuerdo musical que marcó mi infancia era la música del tiple con que iniciaba el programa "Mañanitas Valletenzanas" junto con el cacareo de la gallinas en los días azules de mis vacaciones en la casa de mi abuela.

Con el paso por la adolescencia casi me olvidé de la música clásica. Pasé por la adolescencia oyendo rock en español y música bailable. Con la rebeldía propia de esa edad, la música clásica pasó a ser uno de los puntos de desacuerdo con mi papá. Mientras tanto aprendí a escuchar y a bailar algo de salsa, merengue dominicano y un poco de vallenato. Y a cantar a todo pulmón las canciones de los grupos de moda en los 80s.

Con el paso de los años me fui quedando con una selección bastante particular. Cuando alguien me pregunta qué música me gusta la respuesta es invariable: Un poco de cada género, pero no todo de todo. Y nada de reggaeton (que a mi modo de ver, ni siquiera clasifica dentro la categoría música).

En general trato de armonizar la música que escucho con mi estado de ánimo. Jazz clásico para las tardes de sol, rock en español o kpop cuando estoy haciendo actividad física, música romántica para hacer oficio (música para planchar), nueva trova cubana y Serrat cuando quiero cantar y música clásica cuando necesito estar concentrada y pensar. En cualquiera de esos estados de ánimo una buena canción puede poner una sonrisa en mis labios o lágrimas en mis ojos.

Estos días han sido de regreso a algunas de las obras de la música clásica de mi infancia. A escucharlas y verlas desde una nueva perspectiva. La perspectiva de la edad... a escuchar y a sentir la música de una manera diferente. Es una de la ventajas de la edad... el gusto mejora con el tiempo...