- Caminar entre árboles inmensos en las montañas de mi país. El olor de la humedad, las hojas caídas y en general de las plantas del páramo. Encontrar cosas tan maravillosas como ranas diminutas, hojas de todos los tamaños y formas, flores y frutos alimenticios y venenosos . La sensación de que nada era más difícil que llegar a la cima, o a la casa, o al pueblo vecino y poder lograrlo. El regreso a mi casa, adolorida, cubierta de barro y muy cansada, pero feliz.
- Los amaneceres y las puestas de sol que he logrado ver. Todos esos días en que a pesar del sueño o el cansancio he tenido la oportunidad de alzar mis ojos al cielo y verlo pintado de dorado, amarillo, naranja, de azul intenso o muy claro, de rosado, de diversos tonos de gris. El contraste de la luz del sol que nace o muere con la sombra de las montañas y las luces de las ciudades.
- Los momentos compartidos al calor y a la luz de una buena fogata.
- El sabor de mis platos favoritos,todos, pero especialmente los más sencillos la sopa de dulce, la mazamorra chiquita, el tinto con hierbas aromáticas, las arepas en todas sus variedades, el pan de maíz, la mantecada, aguadepanela con queso en un día frío... ricos si son hechos por alguien más pero mucho mejores cuando por fin aprendo a hacerlos.
- La mirada de agradecimiento de mis animalitos. Todos ellos, los que están y los que se perdieron o partieron.
- Las conversaciones sinceras y profundas sobre las cosas de la vida. Las historias de vida, contadas muchas veces, siempre vigentes, siempre encantadoras.
- Cada momento compartido con mi hijo, desde que supe que estaba embarazada hasta hoy. Las cosas sencillas de la vida cotidiana, los viajes, cada enseñanza y cada aprendizaje. Las sonrisas y las lágrimas.
- Los momentos de familia. El apoyo incondicional, los consejos, los recuerdos comunes, el sentido del humor y hasta los desacuerdos. Como los rompecabezas de las vacaciones, los tiempos en familia se han ido construyendo poco a poco y con la participación de todos.
- El tiempo con mi amado... los besos, los abrazos, las palabras, los sentimientos y las sensaciones que con él, llegaron a darle vida a mi vida.
- Cada momento real de mi relación con Dios. Su amor infinito por mí, a pesar de mí. Cada palabra de consuelo y de guía. La certeza de que siempre me da lo mejor para mí. La confianza de saber que estoy en su mano y que va a cuidar de mí y de los míos ahora y para siempre.
No importa si me espera un día de vida o muchos años. Pido porque cada instante de mi vida, de ahora en adelante sea de vida. No en pausa.