De niña, antes de ser lectora, imaginaba las historias a partir de las ilustraciones e inventaba cuentos a partir de cualquier dibujo que veía. Aprendí a relacionar las imágenes del libro de los cuentos de hadas con las historias que nos leía mi madre antes de dormir. De las dos versiones del libro de Heidi, la novela de Juana Spiry, que había en mi casa, mi favorita era la de pasta verde e ilustraciones en color porque la niña de las ilustraciones era igual a la Heidi que yo había imaginado mientras escuchaba la historia. No sé si me gustaría conocer los Alpes suizos... me preocupa que la realidad no coincida con las bellas descripciones de mi novela de infancia.
Aprendí a leer en la casa de mi abuela. En el año en que después de un breve abandono de mi educación básica, regresé a estudiar segundo de primaria en la escuela de Tenza. Recuerdo con especial cariño a mi profesora, porque aunque antes de ella ya había conocido las letras, había hecho planas, y conocía alguna palabras, no había tenido la oportunidad de disfrutar del aprendizaje... Ella nos enseñaba en la escuela pero también nos invitaba a su casa en la tardes y ensayaba con nosotros rondas infantiles con las letras que estábamos aprendiendo en clase. Y un día, mientras miraba alguno de los libros que mi papá nos había traído del Ecuador, las letras se convirtieron en palabras y las palabras en frases y las frases en imágenes en mi cabeza... era mejor que la televisión! Mientras en el televisor las imágenes eran en blanco y negro, las historias en mi mente eran a color y a la televisión teníamos acceso un par de horas en la tarde, mientras que los libros estaban disponibles a cualquier hora y había muchos por toda la casa. Mis hermanos y yo pasábamos las tardes acurrucados en la cama de mi madre, leyendo con ella.
Pasé mi infancia y adolescencia leyendo. Primero cuentos, luego revistas "Selecciones de reader digest" y luego los libros de la biblioteca pública de Tenza. Luego me enamoré de la literatura. Mi novela favorita en mi adolescencia fué "La guerra y la paz" de León Tolstoi y mi primera heroína favorita, sin duda, Natasha Rostova. Pasé más horas en la hamaca leyendo que tiempo jugando con mis amigos. La lectura no tenía horario y sólo se interrumpía cuando tenía alguna obligación casera que cumplir.
Cuando llegué a la universidad, mi lugar favorito, por supuesto fue la biblioteca. Y luego, cuando empecé a estudiar y trabajar la lectura recreativa dio paso a la lectura de Estanislao Zuleta... la lectura como un trabajo... dejé de leer por placer para poder atender las múltiples obligaciones académicas. Y aunque no niego que algunas de las lecturas que mis profesores me propusieron han hecho de mí una profesional responsable, si hubiera podido escoger, habría pasado más horas en la biblioteca solo buscando una cita con mis autores favoritos.
Amé las clases de "El documento en la historia y la Cultura" y las clases de literatura... esas lecturas eran un oasis en medio de tantas lecturas áridas que tuve que hacer.
En mi vida profesional he tenido algunos trabajos soñados en términos de lectura: El primero de ellos fue cuando tuve que elegir libros infantiles para las bibliotecas de las escuelas de la Fundación Social. Años más tarde, cuando estuve a cargo de la Biblioteca del Colegio Internacional. Y por supuesto los años trabajando en educación ambiental con caja ecológica y construyendo libros de cuentos con los niños de las escuelas de los páramos. No hay una mejor sensación que ver la sorpresa y el orgullo de un niño que aprende a leer o que ve su cuento publicado. Esos instantes hacen que la vida valga la pena.
Ya no leo tanto... pasé de ser una devoradora de libros a ser exigente con mi material de lectura. Ahora, leo y releo mis clásicos y he buscado leer en otro idioma a fin de ampliar mi visión en relación con la lectura (sin contar con que creo que es la mejor manera de aprender otra lengua). También he pasado de leer mucho en papel para disfrutar de las lecturas cortas de las redes sociales. Es una nueva manera de leer y escribir que llegó a nuestras vidas sin que nos diéramos cuenta. Y este blog es evidencia de eso... yo estoy escribiendo... y si tengo suerte, será leído por alguien en un medio electrónico.
Feliz noche y felices próximas lecturas.
Amé las clases de "El documento en la historia y la Cultura" y las clases de literatura... esas lecturas eran un oasis en medio de tantas lecturas áridas que tuve que hacer.
En mi vida profesional he tenido algunos trabajos soñados en términos de lectura: El primero de ellos fue cuando tuve que elegir libros infantiles para las bibliotecas de las escuelas de la Fundación Social. Años más tarde, cuando estuve a cargo de la Biblioteca del Colegio Internacional. Y por supuesto los años trabajando en educación ambiental con caja ecológica y construyendo libros de cuentos con los niños de las escuelas de los páramos. No hay una mejor sensación que ver la sorpresa y el orgullo de un niño que aprende a leer o que ve su cuento publicado. Esos instantes hacen que la vida valga la pena.
Ya no leo tanto... pasé de ser una devoradora de libros a ser exigente con mi material de lectura. Ahora, leo y releo mis clásicos y he buscado leer en otro idioma a fin de ampliar mi visión en relación con la lectura (sin contar con que creo que es la mejor manera de aprender otra lengua). También he pasado de leer mucho en papel para disfrutar de las lecturas cortas de las redes sociales. Es una nueva manera de leer y escribir que llegó a nuestras vidas sin que nos diéramos cuenta. Y este blog es evidencia de eso... yo estoy escribiendo... y si tengo suerte, será leído por alguien en un medio electrónico.
Feliz noche y felices próximas lecturas.
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