En mi trabajo como voluntaria en el colegio, tuve la oportunidad de conocer a los niños de los diferentes cursos y ver quienes tenían un interés especial por aprender. También pude descubrir cómo algunos niños tenían problemas con la lectura y la escritura, que les impedían acceder la los conocimientos de las demás materias. En un intento por acercarme a ellos decidí dar algunas semanas de clases gratis, entre el cierre de un curso y el inicio del siguiente.
Las clases gratuitas tuvieron gran acogida. Tuve varios grupos de niños que asistieron a ellas cuando se presentó la oportunidad. Como apenas teníamos una semana, el objetivo de estas clases no era aprender temas nuevos sino reforzar los temas aprendidos en el colegio. Los alumnos que asistían de manera permanente al taller disfrutaban de la oportunidad de lucir sus conocimientos frente a sus amigos menos adelantados y los visitantes, aprendían de ellos cosas sencillas como el uso del diccionario y la afición por el buen uso del tiempo libre pintando o leyendo.
Para mí, una de las mayores satisfacciones era ver cómo el número de niñas asistentes a clases aumentaba en las semanas de clases gratis. No es una novedad que las niñas tienen menos oportunidades de educarse en las zonas rurales, y muchas de mis alumnas sólo pudieron asistir durante esos días. Sus padres tenían otras ocupaciones para ellas en casa o simplemente no contaban con recursos para invertirlos en hijas que "tarde o temprano van a dejar de estudiar para formar un hogar".

Pili, en nuestras tertulias te he manifestado mi sueño de ejercer algún día como maestro de escuela rural... Sueño que hasta ahora no se ha realizado... Aunque tendría motivos no te envidio... más bien me reconforta que tú hayas podido tener la grata experiencia de ayudar un poco (mucho, diría yo) a mejorar la calidad de vida de esos seres tan adorables como los que aparecen en la fotografía...
ResponderEliminarDe corazón, te felicito!
Un abrazo